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Fábrica de pobreza

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Los pobres ¿Serán bienaventurados?

Conforme a las noticias cotidianas
pareciera que la fábrica de pobres se ha extendido a una gran parte de los
países, pero en América parecía que nunca llegaría, en México, poseemos una
tierra muy noble, pero no se entiende la causa de que existan millones de
personas en extrema pobreza, inclusive algunas regiones se distinguen porque la
tierra es tan fértil que solo basta con arrojar una semilla y al poco tiempo
surge una planta que al tiempo, se convierte en árbol frutal, luego entonces
que es lo que sucede, ¿Por qué continúa la pobreza?

Es posible que revisando la historia se
encuentre una respuesta convincente o por lo menos congruente con la realidad
actual, no es posible que un país tan rico y tan bondadoso continúe siendo
pobre no solo por decreto, sino por una realidad que cuesta mucho trabajo
aceptar, podemos buscar culpables a lo largo y ancho de los litorales, sin
embargo, deben existir razones poderosas que han propiciado la enfermedad de la
pobreza que se sufre, pero, supongo que una buena respuesta habré de encontrar
si dedico unas líneas al análisis de nuestra historia.

En el florecimiento del pueblo azteca,
asentado en el altiplano, existía una forma social denominada “calpulli”, una
especie de “clan” azteca formado por un conjunto de familias con ascendencia
común que poseía tierras comunales, un gobierno interno y una escuela de
formación de jóvenes guerreros, se le conocía también como “casa de gran
tamaño” en la lengua “náhuatl”, era un territorio que correspondía a un grupo
familiar o clan, los “Calpullis”, eran la base de la estructura azteca, donde
distintas familias procedían de un mismo antepasado mítico, además existían
“calpullis” no solo de agricultores, también podían ser de artesanos.

Una vez consumada la conquista de México
y creada la “Nueva España” se estableció la figura de “la encomienda” que
consistía en la asignación por parte de la corona, de una determinada cantidad
de aborígenes a un súbdito español en compensación por los servicios prestados
y entonces, el “encomendero” se hacía responsable de los nativos puestos a su
cargo y percibía los beneficios obtenidos del trabajo que realizaban, durante
esos primeros tiempos no existía ningún tipo de regulación ni jurisdicción que garantizase
los derechos de los aborígenes, por lo cual, estos eran explotados.

Durante el siglo XIX, una vez consumada
la independencia de México, la organización social prácticamente se mantiene
como estaba durante el dominio español, pero es hasta principio del siglo XX
que se promulga una nueva constitución política donde aparece la figura del
“ejido” con una especie de repartición de tierras a pequeños propietarios como
solución a los postulados de Emiliano Zapata con el argumento de “la tierra es
de quien la trabaja” y a la fecha sigue siendo una figura que no ha dado los
resultados que se esperaban pues, los

campesinos mexicanos siguen emigrando a
tierras del país del norte donde se maneja de manera distinta el campo y sus
productos.

La política “centralista” de México
quizás sea lo que ha producido la macro pobreza, han pasado más de doscientos
años de independencia y es la hora en que no ha podido explotar eficientemente
la riqueza de este territorio, no cabe la menor duda de que la figura del
“calpulli” entregó buenos frutos durante el Imperio Azteca, la “encomienda”
resultó muy productiva a la corona española y “el ejido” a 100 años de

haberse
establecido solo ha entregado “pobres” que confieren su trabajo a otros países.

Creo que es tiempo que quienes manejan la
política en México, vuelvan la mirada a los ciudadanos y en lugar de programas
de asistencia, ayuden al pueblo a aprender a “pescar”, reduzcan su aparato
burocrático, así como sus impuestos y permitan una verdadera libertad de
comercio y libertad de empresa, o por lo menos permitan el establecimiento de
“calpulis modernos” que pueden ser una buena solución, también puede
establecerse el sistema de gobierno del Rey

Salomón donde cada ciudad designaba
a sus gobernantes que se comprometían a la seguridad, la salud y la educación,
porque allí se encontraban sus intereses y aportaban a la corona solo el 10% de
sus ingresos.

 

Estamos en el siglo XXI, el siglo de la
comunicación, el siglo de la información, el siglo donde los esquemas deben
cambiar, así como está cambiando la humanidad, la ignorancia el fanatismo y la
ambición

deben morir, hoy “la biblioteca” se encuentra a la distancia del
“teléfono celular”, no existe justificación de mantener políticas que en el
pasado fueron efectivas a unos cuantos, hoy, el mundo está al alcance de todos
y por ende, la riqueza debe ser de todos, mi deseo es que nunca más exista
hambre y pobreza en el mundo, que se cierren todas las fábricas que atentan
contra la felicidad del ser humano. Muera la pobreza.

Feudalismo siglo XXI

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El
principio feudal de la edad media, dejó de ser territorial y se convirtió en
personal, el feudo era una especie de contrato entre “el señor y sus vasallos”,
actualmente, pareciera que el feudalismo se transforma en una relación entre
gobernantes y gobernados, hoy, el gobierno se lo atribuye todo y todo lo ve,
todo lo examina, todo lo prevé y con el tremendo enjambre de empleados en sus
diferentes jerarquías, parece no considerar al ciudadano capaz de conocer sus
intereses ni de cuidar por sí mismo, los principios básicos del feudalismo
giran de la misma manera, quienes ascienden al poder por medio de los partidos
políticos, se transforman en señores feudales del siglo XXI.

En
la edad media, el feudo era un contrato entre el señor y sus vasallos, un feudo
era una propiedad, normalmente de tierras, ganadas a cambio de un servicio
militar. Los principios básicos del feudalismo giran en torno al señor feudal y
sus vasallos, ellos juran lealtad al señor que obtiene el feudo y él, tiene la
última palabra sobre todas las cosas, el vasallo está obligado al aporte
financiero, a cambio, el señor está obligado a respetar y proteger al vasallo,
se comprende entonces que el orden feudal reposa en el principio de la
desigualdad de clases y al parecer las cosas no han cambiado mucho pues,
actualmente, mientras la nobleza, entiéndase como aparato de gobierno, posee
privilegios, no tienen más deberes que aquellos a los que se ha sometido
libremente.

Lo
más terrible son las atrocidades que cometen cuando pretenden corregir los
delitos, tal vez las medidas resulten más crueles que la esclavitud, no
recapacitan que el origen del problema es la educación, pero como la educación
la dirige el gobierno, pareciera que somos niños en la escuela y niños en el
estado viviendo una vida automática o dependiente, de tal suerte que la nulidad
a que nos reducen, resulta una utopía la batalla por la libertad, la facultad
del pensamiento por la que nos conocemos y distinguimos los seres humanos, del
resto de las especies vivas se reduce a su mínima expresión, convirtiéndonos en
máquinas que obedecen al impulso que reciben.

Declaramos
que tenemos inteligencia, esa facultad de recibir las impresiones de los
sentidos, comprendemos y combinamos los actos que satisfacen nuestras
necesidades, en cambio, en la edad media, los colonos libres y los siervos
carecían de casi todos los derechos, además de estar obligados a innumerables
cargas tributarias, un trato como el que damos hoy en día a los animales
superiores como el perro, caballo, elefante y aún el mono que poseen
inteligencia en el grado del niño antes que principie a hablar, solo faltaría
obligarlos a pagar un tributo.

El
poder de elevarse de lo concreto a lo abstracto, comprender la naturaleza de
las cosas, someterse a la causa que las produce, estudiarse a sí mismo
contemplando lo creado es la razón que nos hace distintos, y esa razón a la que
me refiero es el patrimonio de los seres humanos, que gracias a esa cualidad es
que se puede ver lo real y lo ideal, es decir, el hecho en sí y la causa que lo
produce, entonces, gracias a esa facultad conocida como razón y evolucionada en
este tiempo es que no quedamos atrapados como en la edad media, cuando los
principios de uno y otro derecho se confundían en la persona del señor y por
eso suele decirse que, durante el período feudal, no existía organización
estatal en sentido estricto.

Por
fortuna en este siglo ya podemos definir cada una de nuestras facultades de
manera científica, comprendemos lo que es la inteligencia y el actuar con
rectitud y valor, como si por arte de magia desapareciera una especie de
interferencia en la vista, la claridad de las imágenes invita a conducirnos con
la prudencia necesaria en cada uno de los problemas a resolver de la vida
ordinaria, resulta entonces que ya podemos pensar en la filantropía que tanto
requieren las personas de nuestro entorno.

Sin
embargo, sigue pendiente el problema del feudalismo, como si se tratara de una
enfermedad, se diseñan textos sobre leyes y reglamentos que coinciden siempre
en la búsqueda del bien común y casualmente siempre resulta contradictorio,
recordemos que en la edad media, el señor feudal era el encargado de dar
seguridad al vasallo, como parte de su propiedad, el gobernante actual
pareciera un señor feudal con muchos vasallos que durante considerable tiempo
vivieron “felices” unos y otros pero, llegó el día en que el señor feudal
moderno perdió la brújula y se puso un traje de “salvador” que no le sienta
nada bien.

Existe
un descontento a nivel mundial porque los señores feudales de este siglo se
colocan muy lejos de sus vasallos, impunemente se “otorgan” sumas millonarias
como salario y el principio de igualdad se pierde en el laberinto de la
ambición, ejercitando de manera aristocrática la información de “sus”
ambiciones pequeñas y grandes, olvidando por sistema a sus vasallos, que de
acuerdo a los postulados de la “democracia” se supone que los vasallos eligen a
esos señores feudales que en el “sistema” pierden la filosofía del bien común.

Quizás
una reflexión de 60 segundos sea suficiente, y podamos descubrir que los
señores feudales del siglo XXI en realidad son empleados de los vasallos
modernos y que su trabajo será evaluado cada vez o tantas veces como sea
necesario, con un manejo de “contratación” acorde a resultados y rendición de
cuentas como principio de evolución real de los seres humanos del siglo XXI,
que finalmente encontrarán la tan deseada felicidad.

El príncipe y el mendigo

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Este cuento del príncipe y el mendigo es uno de mis favoritos, cuantas veces he soñado, que se repitiera en el momento actual, cuando parece que muchos gobernantes en el mudo debían cambiar por lo menos durante 24 horas su vida cotidiana.

La historia del príncipe y el mendigo refiere que se trata de dos personajes similares en apariencia, y que por accidente al cambiar de ropas, las circunstancias les colocan en sitios inversos y de ese incidente se desprende la historia.

Un viejo dicho popular indica que: más pierde el pobre cuando enriquece, que el rico cuando empobrece.

Este dicho ajusta a la perfección con el cuento, porque el verdadero príncipe se ve obligado por las circunstancias a conocer la verdadera forma de vivir del pueblo, con las carencias y sufrimientos que deben sufrir para sobrevivir.

Durante mucho tiempo insistió en demostrar que él era el príncipe y contaba lo ocurrido, pero claro está que nadie creía semejante historia, de manera que terminó por aceptar que nunca alguien le creería y adoptó con heroísmo su nueva vida.

Los conflictos sociales de la época hacen que el verdadero príncipe se vea obligado a participar como soldado del reino en una batalla que al final resulta una derrota estrepitosa.

Como la educación recibida por su padre y sus maestros le permite abrirse paso hasta llegar al general que tiene el mando del ejército, este lo escucha porque le pareció interesante lo que decía, le indicaba al general que la estrategia debía ser distinta y la describe.

El general le pregunta porque supone que la estrategia debe cambiar y el le contesta: Así lo haría mi padre el Rey, porque así lo aprendí de él.

En ese momento se descubre el cuello del príncipe y el general observa que en el cuello están unas líneas marcadas que el ahora general vio cuando nació el hijo del Rey.

Hasta entonces aceptó lo que el soldado le decía cuando solicitaba que le creyera su historia, en ese momento el general aceptó que se trataba del príncipe.

El general implementa la sugerencia del joven príncipe y resultaron triunfadores en esa batalla, por desgracia el Rey ya no la pudo disfrutar pues murió esa misma noche.

El príncipe recobró su identidad gracias al general y se restablecieron las identidades de él y del mendigo, pero el príncipe reconoció que de no haber ocurrido lo relatado, nunca se hubiera enterado de la realidad de su pueblo.

Fue coronado como Rey, por el general y la historia refiere un final feliz, es por eso que en párrafos arriba hablé de los gobernantes actuales, si se atrevieran a dejar en casa la investidura por lo menos 24 horas, comprenderían las cosas que no están haciendo bien.

Cuando tenemos la oportunidad de vivir las altas y bajas de un estatus social, es cuando mejor aprendemos la lección, creo que sería una buena práctica de este ejercicio por quienes pierden el piso, cuando consiguen un puesto de importancia en cualquier nivel.

Vale la pena ser o parecer por lo menos 24 horas un príncipe o un mendigo.