Moisés

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Moisés:

En su tiempo el personaje “Moisés” dijo a uno de sus subalternos: “Constitúyanse en Congreso, congrégame setenta varones de los ancianos que tú conoces, que son maestros del Pueblo y llévalos a la puerta del Tabernáculo de la alianza y los harás estar allí conmigo.

Moisés estaba en el desierto y los conocía a todos perfectamente, así que era difícil que se equivocara en los escogidos, pero en ese momento sus dominios eran muy extensos y entonces ¿Cómo hacer para encontrar a los mejores?

En ese entonces, La India y el Egipto tenían casta privilegiada que los regía, pero ¿Qué hacer para que los escogidos nunca se conviertan en patrimonio de ninguna oligarquía?

Cada padre de familia debe ser un jefe, cada hombre un ciudadano y será tal la independencia que, si por desgracia se viera acosado por el universo entero, en lugar de doblar la servís o abjurar de sus ideas, exaltarán la conciencia de su deber y su derecho grabando en el corazón y en el alma, el más alto desprecio a los que buscan convertirse en sus amos.

Los datos anteriores parecen tan antiguos y tan modernos que justo es que transcriba lo siguiente: “Si el pueblo nos elige para ejercer una de las más esenciales atribuciones de la soberanía ¿Con que derecho hemos de escoger a este o aquel para que las desempeñe?

El honor, el talento y la independencia de carácter que deben distinguir a los legisladores, no son patrimonio señalado de linaje y aún menos de los capitalistas o propietarios. El más olvidado en la multitud del pueblo, o el más desconocido de nosotros, tal vez sea mejor. Que todo el que se considere apto se presente como candidato o que sus amigos lo propongan.

Que se discutan libremente sus méritos, promesas y garantías y que el pueblo, que es el más interesado en el asunto, escoja a los que merezcan su confianza; de otro modo estará siempre en tutela y no se verá libre nunca.

Un pueblo soberano se constituye en municipios como base esencial; que de su buena o mala función dependa la felicidad o la desgracia del país.

De la buena organización del municipio resulta el fundamento para la felicidad de las naciones, porque allí se educa al pueblo, aprendiendo a discutir sus intereses, valuando sus necesidades y a transformarlas.

Los habitantes que componen la autoridad del municipio, están en contacto íntimo con los ciudadanos que los han elegido y con todos los miembros del cuerpo social que ocupan los extremos de la escala le sirven de promedio y por consecuencia su virtud o su corrupción acarrea la satisfacción o la miseria del pueblo. El Estado que tiene malos municipios tiene mal gobierno.

El municipio solo debe atender tres funciones fundamentales: Seguridad, Salud y Educación.

Municipios bien organizados y honestos conforman buenos Estados y los buenos Estados hacen buenos países.

Considero que la enseñanza de Moisés, sigue vigente, ¿Usted qué piensa?

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