Yo quiero ser

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Yo quiero
ser.

Quiero ser cantante,
quiero ser médico, quiero se ingeniero, quiero ser, quiero ser y son tantas
ideas de lo que quiero ser que termino en el infinito, pero entonces, ¡cuidado!,
si, cuidado, perdernos en el infinito es la gran derrota, solo porque no
comprendimos antes, ¿Qué es la libertad?

Desde que
somos formados en el vientre materno, estamos a

merced de lo que nuestra madre
decida, o entienda, y se pasa nueve meses tratando de modelar lo más grandioso
de la creación, su hijo, el ser más maravilloso que acarreará la felicidad en
el seno familiar.

Una vez que
llegamos a este mundo, ella, nuestra madre, se entrega en a la protección de
nosotros, aunque ya para entonces tenemos nuestra propia personalidad, aunque
de momento ella no lo sepa, quizás lo intuya, pero como tiene la abstracción
fija en nuestro desarrollo, no se da cuenta que ya tenemos un pensamiento
propio que no  podemos describirlo porque
nos falta crecer.
Tampoco se
da cuenta de nuestra libertad, pero nosotros si la aplicamos ya que, en un
momento dado sentimos hambre y ella debe estar lista y proporcionarnos alimento
pero ya, porque sabe que es su obligación y no se da cuenta que estamos
ejerciendo el derecho a la libertad.

El tiempo
avanza y cada día nuestra libertad va disminuyendo por consecuencia de la
educación que estamos recibiendo, y tal vez nuestra libertad la ejercemos cada
día con mayor fuerza, casi de manera dictatorial, pero en el resto de la
convivencia, poco a poco estamos aceptando métodos de enseñanza buenos y malos,
según el caso, resultando una especie de “aceptación inconsciente” que va
quedando grabada en nuestro centro de cómputo personal, que sabemos que existe
pero no sabemos fielmente en que parte de nuestro cuerpo queda grabado.

Cuando
supuesta-mente ya aprendimos a “volar” con cierta independencia, resulta que no
sabemos lo que haremos con nuestra vida y mamá quiere que siga su profesión,
pero papá exige que mejor será que siga la de él, lo cual ayudará a crear una “estirpe”
como sueño de la juventud paterna.
Este es el
gran momento. ¿Qué debo hacer? Yo soy el que está viviendo y soy quien
enfrentará el futuro, debo aprender a volar solo, es el momento de la gran decisión,
no debemos pensarlo mucho, siempre tenemos en la mente una profesión invariablemente
diferente a las de nuestros padres, bueno, mi mejor consejo es ejercer la
libertad que nos fue entregada desde el momento que nacimos.

 

Yo quería
ser, pero me equivoqué. De ninguna manera, no me equivoqué, seguí mi sueño,
intuición o lo que sea, me equivoqué pero el gran avance es: “aprendí” que ese
no era el camino; cambio de jugada, ya aprendí, ejercí mi “libertad” y a otra
cosa, y cambiaré tantas veces hasta que encuentre el camino designado para el
que fui creado, cada fracaso me acercará al objetivo, pero con
libertad, ser felices es el objetivo y no otro. 

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