Archivos Mensuales: agosto 2015

Libre y soberano

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filosofía,arte,ciencia,cultura

Libre y soberano

Las palabras “Libre y soberano” juntas
nos invitan a la reflexión más importante de todo ser humano, la soberanía se
define como el poder de dictar leyes y hacerlas efectivas, no puede encontrarse
fuera del ser humano, porque es un derecho natural y hasta podríamos calificar
como un derecho divino y como

todo derecho deriva de las facultades inherentes
a la naturaleza humana, la soberanía es su prioridad.

Sucede con la soberanía lo que con la
verdad que no es patrimonio de uno u otro, la verdad pertenece a todos los
seres humanos y adquiere gran valor cuando un grupo, pequeño o de grandes
dimensiones

constituyen una unión social que puede impedir el que alguien “se
otorgue” la propiedad de la soberanía, cada hombre o mujer posee un derecho
igual a concurrir al ejercicio de esa soberanía, porque es parte de la
asociación en que radica.

Ninguna reunión parcial ni individuo
alguno puede ejercer la soberanía sin delegación voluntaria de los asociados
para que los represente no solo ante las autoridades sino

a la sociedad misma,
los miembros de una asociación son los que eligen, deponen, hacen y deshacen,
los elegidos para representarlos son quienes trabajarán en el bien comunitario
por medio de las reglas escritas y el sentido común de la sociedad y evitar
todo perjuicio sobre todo a quienes al momento no pueden ejercer su derecho por
falta de edad o cualquier incapacidad.

No debemos olvidar que el pueblo es el
que elige, por lo tanto, suyo es el poder legislativo y suyo es el poder de
dictar leyes favorables a la asociación humana y aplicar esas leyes corresponde
a un monarca o a un presidente, según el país de que se trate, o sea “el poder
ejecutivo.

Definimos como asociación humana a un
enorme taller

de producción establecido con la esperanza de conseguir el bien
común de acuerdo a sus habilidades, en otras palabras esa asociación humana es
la que genera la riqueza.

Es por eso que la tarea de gobierno debe
centrarse en proporcionar los medios adecuados a los ciudadanos y que éste
pueda generar dicha riqueza de la manera más sencilla, con aranceles en
maquinaria e

insumos al menor precio posible y con la simplicidad fiscal
necesaria que permita una alta producción que sea capaz de proporcionar a los
generadores de riqueza todo lo necesario para la vida, el estudio, la
recreación, alimentación y bienes y servicios amplios y suficientes como
colaboradores del bienestar común.

Es por eso que todo aparato de gobierno
debe

limitarse a no tener que dejar al que le suceda, el trabajo de corregir
sus desaciertos, y no ser perjudicial a la nación, tiene que defender al débil
contra el fuerte, a velar por la salud pública en todas las formas y
necesidades, proteger lo presente sin comprometer lo futuro y no empeñarse en
administrarlo todo, el mejor gobierno es el que no se ve gobernar, porque ha
gobernado a un pueblo “libre y soberano”.

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La miseria

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La
miseria

Por
decreto parece que no existen pueblos en miseria, pero entonces, comenzaremos
por tratar de razonar a qué le llamamos miseria, cuando un pueblo presenta
padecimientos físicos y morales es que “algunos privilegiados” se oponen a que
se utilicen los recursos que están a su alcance, el resultado es una especie de
envilecimiento, se pierden los derechos, pero un pueblo inteligente sufre y
tiene conciencia de sus males.

Una
comunidad inhumana ignora sus desarreglos, en tanto que el

corrompido hace gala
de ellos y se sumerge cada día más y más en la degradación, es como el loco que
vistiendo andrajos se cree rico y omnipotente, y una vez que logramos aceptar
que en verdad vivimos en una miseria, la pregunta es: ¿Cuáles son las poderosas
causas de estos males? Y la respuesta solo es una: La educación defectuosa y
los vicios del poder constituido.

Encontramos
aquí una media respuesta, la diferencia encontrada entre educación y
civilización y ésta es simplemente el medio que

evita la miseria y la educación
es el fin. Cierto es que la civilización pasa por diversas fases, en cuanto los
pobladores adquieren nociones exactas de los deberes de cada uno, la educación
no alcanza, hasta que descubren el modo de hacerlos efectivos, esto implica que
una nación puede estar civilizada pero no educada.

Tratar
de comprender la evolución del intelecto, exige no separar el estudio del
universo, del amor a lo infinito, lo maravilloso, lo sintético y lo deductivo;
el amor a lo infinito, escéptico en lo

analítico, lo inductivo se deriva de la
convicción del poder de nuestros recursos que permiten dominar la naturaleza,
por fortuna esta época es bastante positiva porque ya no se ofrece al sabio el
cuadro lastimoso de filosofías contra filosofías, aunque subsisten religiones
contra religiones.

El
grado de civilización de los países que brillan en el mundo y los cambios que
experimentan se debe a tres causas fundamentales: La suma de conocimientos que
poseen las personas más hábiles.

La dirección que da a sus estudios o la
materia a que se refieren sus conocimientos y la tercera causa se esparce a su
generalización en las masas y la libertad con que se difunde en ellas.

Entendamos
que el orden es lo que asegura la tranquilidad pública, garantizando a todos el
ejercicio de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes, sin embargo, hay
quien dice o

predica que puede haber deberes sin derechos, lo cual es un
contrasentido, porque el deber supone la existencia de un derecho y viceversa,
es decir, los deberes y derechos nacen de la naturaleza, por ende son
recíprocos.

La
verdadera civilización principia cuando se ha acumulado la riqueza, es decir,
cuando están cubiertas las necesidades materiales, de tal suerte que las causas
más poderosas de las miserias del pueblo se deben en el siguiente orden:
Educación defectuosa y vicios del poder constituido, por lo tanto, las
condiciones materiales del país son las que prologan la ignorancia y se oponen
al progreso.

Entendiendo
por progreso los adelantos en el conocimiento de la naturaleza, ese adelanto
aumenta conforme al desarrollo de nuestra razón; cada idea, cada ciencia, cada
rama del saber humano; muchas veces visto el orden y el progreso como
antípodas, cuando que lo efectivo es sean inseparables calificando al orden
como el conservador de la tranquilidad pública, un pueblo ordenado, es
civilizado, un pueblo ordenado, derrota la miseria, y un pueblo ordenado
encuentra la felicidad.