Si está mal, empeorará

Estándar
El fútbol de México

Mucho se ha comentado en torno a los
sucesos recientes en Brasil, resulta difícil comprender lo que ocurre dentro
del grupo organizador del campeonato mundial de fútbol, los comentarios en
México parecen copia fiel de los encabezados periodísticos de los últimos
cuarenta o cincuenta años y nadie sabe en realidad que es lo que se debe hacer,
vemos que a lo largo de los años siguen siendo los mismos países los que se
disputan el triunfo y el resto convertidos en “comparsas” que financian el
espectáculo.

Este año, México ha presentado un plantel
bastante organizado, con entusiasmo y amor al deporte, sin embargo, desde el
primer partido quedó claro que “México no debía avanzar” más allá de lo que los
organizadores calcularon, la deficiencia en el criterio de los árbitros quedó
manifiesta desde el primer momento, o tal vez dichos árbitros solo estaban
obedeciendo órdenes superiores con signo de monedas de alta denominación.

Entiendo que se trata de un espectáculo,
pero el resto de la población

 

puede no entenderlo de la misma manera, ya que
sigue llenando los estadios de fútbol y le da seguimiento en los medios
electrónicos, aunque solo sea por el placer de organizar reuniones familiares o
amistosas, el evento se presenta adecuado y ofrece resultados maravillosos al
momento de celebrarse la justa deportiva, las calles desiertas durante los
eventos así lo certifican, pero una vez más, el fantasma de la derrota vuelve
como ha ocurrido durante tantos años.

Me resulta afirmativo que en México nunca
se ha podido triunfar “en equipo”, muchas veces he pensado que la causa debe
ser más

profunda de lo que parece, revisando la historia profana y no la
oficial, encuentro que México nunca ha sido un país unido; antes de la llegada
de españoles ya se encontraba muy dividida esta región, cada pueblo, pequeño o
grande buscaba ser independiente, comenzando por la diferencia de idioma o
dialecto, como se le quiera definir, de manera que al llegar la conquista, el
terreno se encontraba “fértil” con la diversidad de ideas.

Luego, entre los españoles existía una
división muy parecida, basta con revisar el momento en el que Hernán Cortés
parecía haber logrado

dicha “conquista” y ya se encontraba Pánfilo de Narváez
en las costas de México listo a derrocar a Cortés, lo que finalmente no ocurrió
tal vez porque Cortés era mejor estratega, o más inteligente, pero lo que
resulta incomprensible es que si ambos mostraban lealtad al mismo Rey, se
presenta esa traición y muchas más en el correr de los años en la Nueva España.

Después de la llamada “Independencia”,
iniciada y promovida por los

“criollos”, que estaban divididos con los
emigrantes españoles por infinidad de problemas, aunado a los conflictos de ese
tiempo en Europa, se consuma “nuestra independencia” que desencadenó un sinfín
de divisiones entre los que “triunfaron”.

Con los postulados de un nativo muy
talentoso se construye una

reforma excelente en el papel, lamentablemente al
tratar de implementarla, desencadena otros conflictos con nuevas divisiones,
hasta que veinte años antes del término del siglo otro nativo talentoso crea
una especie de monarquía con los mismos postulados y se consigue un avance
sobre todo económico, aunque el social y cultural habrán de tardar un poco más,
pero en aquel momento una nueva división produce lo que se conoce como
“revolución”.

En el pasado siglo florece otra especie
de monarquía pero ahora con “siglas y colores” creando nuevos estilos de
divisiones sociales, provocando bastante daño hasta el presente, lo cual me
hace pensar que seguimos pensando y preguntándonos: ¿Cómo debe ser nuestro
sistema político? Pareciera que seguimos esperando quien nos conteste esa
pregunta que no hemos sabido encontrar por nosotros mismos, pues gracias a esas
divisiones políticas y a otras de tipo religioso, las familias se han
convertido en terreno fértil de una división desdichada.

Es por eso que me permití tomar el tema
del fútbol, como muestra clara de lo que ha padecido este México querido, hoy
día en el que por fin se ha logrado integrar un equipo de fútbol con bastantes
posibilidades de triunfo, agentes externos se han encargado de oscurecer
nuestras ilusiones, mi pregunta entonces: ¿Debemos buscar una monarquía o
luchamos por una verdadera democracia? o ¿Será entonces que nuestra identidad
no se fijado con firmeza? O finalmente es que no tenemos identidad.

 

Una solución puede ser el trabajo con la
niñez actual, que se entere a temprana edad de una historia profana y no una
oficial, que le permita comprender lo que ha sido México en los últimos
quinientos años, sin afán de encontrar intemperancias, la verdad es necesaria,
sin maquillaje, sin mentiras, sin tendencias maliciosas ni fantasías, somos lo
que nuestros antepasados quisieron que fuéramos, nuestra obligación hoy, es
trabajar por los cambios que sean necesarios y que nuestros hijos y nietos
nunca más sean perdedores, que su identidad

sea de triunfadores en todas las
actividades sociales, la invitación es que tengamos el valor de iniciar la
solución de lo que está mal y posiblemente a mediados de este siglo México
girará 180 grados en bien de todos los compatriotas.

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