Los discursos

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Los discursos

“¡Amado pueblo! Que no se piense que soy
ajeno a sus protestas, me apena el des abasto de alimentos a esta población,
ustedes no saben que desde hace muchos años se subsidian sus alimentos, la
razón es que se ha detenido la siembra de cereales y otros productos, y no ha
sido suficiente el esfuerzo del gobierno, yo invito a participar y juntos
encontrar una solución justa, por el momento, pueden estar seguros de que
vienen en camino suficientes alimentos que resolverán sus

requerimientos”.

El discurso anterior recuerdo haberlo
escuchado muchas veces, pero mi interés al reproducirlo no es descubrir a quien
lo haya dicho, mi interés resultó de un acontecimientos real y verdadero allá
por el siglo XVIII en Madrid cuando Carlos III se vio obligado a salir al
balcón de su despacho en el palacio Real de El Pardo, debido a los problemas de
la creciente pobreza se gesta un conflicto que pretendía entre otras razones la
destitución del ministro Esquilache que se le culpaba de todos los males de España.

El discurso del rey Carlos III lo
descubrí en una novela que pronto estará a la venta en Puebla México, escrita
por mi gran amigo Guillermo Martínez Arámbula que a la letra dice: “¡Amado
Pueblo de Madrid! No penséis que soy ajeno a vuestras tribulaciones, Dios sabe
cuánto me apena el desabasto de alimentos a esta población, vosotros no sabéis
que ha dos años se subsidian vuestros alimentos, pues ha cesado en esta región
la siembra de cereales y otros productos, mas no ha sido suficiente nuestro
esfuerzo, yo os invito a participar y encontrar una solución justa, por el
momento podéis estar seguros de que vienen en camino suficientes alimentos que
calmarán por un mes

esta necesidad”.

Bajo el balcón los
representantes de los amotinados respondían al Rey: ¡Majestad, queremos creer
en vos, pero pronto nos organizaremos y defenderemos nuestros derechos, no
amenazamos a vuestra real dignidad, más si no oís nuestro clamor, vuestras
acciones pueden ser tomadas como burlas! Aquí os leo y entrego nuestro pliego
de peticiones, que son bien claras:

¡No queremos la
presencia de extranjeros en vuestra corte!

¡Que bajen de valor
los alimentos!
¡Que desaparezca la
junta de abastos!
¡Que se vaya
Esquilache! Y
¡Que su majestad se acerque en persona
con vuestro pueblo!
La investidura de Carlos III nunca antes
se había visto empañada en asuntos de esa naturaleza, comprendió entonces, que
debía atender la voluntad del pueblo a pesar de la opinión de mariscales y
generales, despachó una carta dirigida al pueblo recordando que les había

empeñado su palabra, y que estaba cumpliendo lo acordado, con lo que pudo
controlar los disturbios.

Por otra parte, Esquilache también les
hacía llegar otra misiva personal diciendo: “Soy el único ministro que se ha
preocupado por el pueblo madrileño, he limpiado y ordenado vuestras calles, os
las he alumbrado, pavimentado y pintado, mas creo que eso no tiene valor en
vosotros, me retiro muy desilusionado de vosotros, pero creo que no hay mal que
no reciba el bien a cambio, llevaré a mi familia a gozar del descanso, por ello
os doy gracias sinceramente”. Firma, el marqués Gregorio Antonio de Esquilache.
Se reformó el gabinete y mucho lamentó
Carlos III despedir al ministro

Esquilache junto con el resto de su equipo tan
conocido y poco tiempo después se descubrió el origen del levantamiento, los
autores del movimiento eran miembros del nuevo gabinete, y una nota relevante
fue la interposición a la beatificación de un español que vivió cien años atrás
en la Nueva España, llamado Juan de Palafox y Mendoza, obispo de la Puebla de
los Ángeles que siempre encontró ocultos intereses que lo des habilitaban, al
respecto, el Rey llegó a comentar: “¿Qué de malo hay en ser hijo bastardo, si
se ama a Dios más que los bien nacidos?

La novela de donde fueron extraídos los
datos de este artículo se titula exactamente: “El ilustre bastardo” donde
encontramos infinidad de datos importantes de Don Juan de Palafox y Mendoza,
pero eso lo trataré en futuros relatos.

 

Los discursos se parecen mucho a los
asuntos que hoy día, después de muchos siglos no se han podido resolver o no se
quieren resolver,

pareciera que “los Esquilache” se siguen reproduciendo al
paso de los siglos y la práctica del “acaparamiento de alimentos” resulta
sinónima de poder ¿No le parece? Gracias Guillermo Martínez Arámbula por tu
novela “el ilustre Bastardo”, vida y obra de Don Juan de Palafox y Mendoza,
producto de una intensa investigación muy bien documentada.

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