El dragón en el patio

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Un dragón está en el patio trasero de la casa y me propongo mostrarlo a ustedes y que puedan ver como lanza fuego por la boca. Es claro que usted puede cuestionar lo que estoy diciendo.

Recuerdo que mi madre decía: “temprano por la mañana, el hombre debe salir a matar dragones y la esposa debe dar brillo al castillo y cuando regrese el caballero continúen viviendo felices eternamente”.

Se dice que la magia es un arte que exige la colaboración entre el artista y su publico, así en mi relato es indispensable que usted colabore conmigo y la magia se haga presente.

Supongamos que en este momento hago nuevamente la aseveración que en el patio trasero de mi casa se encuentra un dragón y que deseo que lo vea con sus propios ojos.

Desde luego que previamente he preparado el escenario de tal manera que me permita recordar el argumento que presentaré paso a paso como guía de turistas curioso de los dragones.

Lo conduzco a mi patio trasero y lo usted ve es una escalera, latas de pintura vacíos, juguetes viejos y descompuestos, junto con muebles que he desechado, pero el dragón no aparece.

¿Dónde está el dragón? Me pregunta.

Por allí debe andar, le contesto con cierta timidez, me olvidé decirle que el dragón es invisible, mire usted en el piso, se encuentran todavía las huellas de sus pisadas sobre esa harina que se derramó.

También debo decirle que el dragón sabe flotar y muchas veces no quedan marcadas las huellas de sus pisadas, de manera que muchas veces resulta imposible ver por donde se esconde.

Entonces usted me propone utilizar luz infrarroja o pintura especial que pueda detectar al dragón en cualquier situación y siempre encontraré la manera de contrarrestar la prueba que usted me proponga.

¿Cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe fuego y no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún dragón, ¿qué significa decir que mi dragón existe?

Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale a demostrar que es cierta, las afirmaciones que no pueden probarse, nos guían a entender entonces, que lo que le he pedido es que termine por aceptar lo que le digo.

Lo único que ha aprendido usted con mi historia es que estoy mal de la cabeza, se preguntará entonces: ¿Qué fue lo que me convenció, si no puede aplicarse ninguna prueba física?

Imaginemos entonces, que a pesar de que ninguna prueba ha tenido éxito, usted desea mostrarse abierto, por lo que no rechaza de inmediato la idea del dragón, simplemente la deja en suspenso.

Imaginemos ahora que las cosas hubieran sido de otro modo, el dragón es invisible, pero aparecen huellas en el piso, la luz infrarroja registra algo, la pintura muestra una figura parecida a un dragón.

Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones, aquí hay algo que parece un dragón.

¿Sucederá lo mismo con los seres extraterrestres? Lo analizaremos en un futuro próximo se lo aseguro.

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