Puliendo una piedra

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Por: Julio Torres.- poco a poco, por medio del cincel al ser golpeado por el martillo con la fuerza necesaria, esa gran piedra va tomando la forma que el escultor imaginó en el momento que descubrió dicha piedra.

Cualquier semejanza con el trabajo realizado por una madre cuando modela la forma de su hijo durante los nueve meses, que se necesitan para cumplir con el compromiso de generación que dicta el proceso objetivo de la vida.

Que fabulosa debe resultar la experiencia para el escultor el ver terminada su obra después de tanto trabajo con el cincel y el martillo, como lo puede ser para una madre el disfrutar la presencia del hijo que ha nacido de su cuerpo.

Parece que también es comparable a cada uno de los hijos de una logia que con el tiempo necesario logra hacer realidad su nacimiento y el proceso de aprendizaje que se prepara para cada integrante.

Resulta entonces sencillo de razonar el sentido que tiene la orden de pulir cada miembro su piedra informe y que por medio del trabajo va a lograr en determinado tiempo pulir esa piedra de tal manera que dicha piedra adquiera identidad propia.

No es casual entonces el término cuando nos dicen que somos como piedras, que pasa el tiempo y no logramos conducir nuestros actos con la debida disciplina y sabiduría que la vida exige.

La vida diaria nos enfrenta a esa realidad, cuando parece que ya hemos dado algunos golpes a nuestra piedra y que por desgracia no vemos como va a ser la forma definitiva porque antes no hemos diseñado un proyecto de vida de acuerdo a nuestras capacidades.

Caminamos por la vida como si una venda cubriera nuestros ojos y realmente no vemos el camino, tropezamos a cada paso y pedimos a gritos que un guía nos indique el camino a seguir con la seguridad necesaria.

Descubrimos entonces que el mejor guía somos nosotros mismos, que lo único que debemos hacer es preguntar como hacer las cosas, o dicho de otra manera, preguntar a quienes son mayores que nosotros como es que ellos lo resolvieron.

Entender entonces que existe el gran recurso de preguntar y que como si fuera un niño de tres años que todo lo pregunta, que siempre duda de todo cuanto le dicen y eso lo convierte en el más sabio de todos, pues solo sabe que nada sabe.

Es un tanto grotesco comparar a cada ser humano como una piedra que no tiene forma, pero eso no esta muy alejado de la realidad, cada día y cada instante estamos puliendo la piedra que somos.-

Es claro que al nacer no se nos entrega un paquete de sabiduría, que ese paquete lo vamos descubriendo a medida que estamos acumulando años y que la experiencia se adquiere con años de vida.

De manera que ahora ya resulta sencillo entender que al nacer nos han dado forma, pero el resto lo debemos conseguir por medio de las experiencias que conocemos como vida.

Esas experiencias es tanto como descubrir que cada día el cincel está dando forma a nuestra vida, pero por medio de los golpes que el martillo imprime con la fuerza, la belleza y el candor necesarios.

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